La MSc. Marisol Sanabria Yera, quien fue Directora de Extensión Universitaria durante diez años consecutivos de esta Casa de Altos Estudios, nos deja sus experiencias en el tránsito por esta universidad.
¿Cómo fueron sus inicios en la Universidad Agraria de La Habana?
Bueno, cuando empecé era Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (ISCAH), luego cambió su nombre por el actual. Realmente no recuerdo el año exacto en que empecé a trabajar, creo que 1995 ó 97. Fue una decisión difícil para mí, pues procedía de la enseñanza general por donde transité más de 20 años. Llegar a la Universidad Agraria fue todo un reto, decidida a darle un vuelco a mi vida. Comencé en AFT como Correctora de Estilo, por mis manos pasaron muchos textos de las facultades de Veterinaria, Agronomía y Mecanización, eran tres facultades si mal no recuerdo, las que existían en aquella época; son los textos que aun hoy se utilizan como literatura docente, claro ya actualizados. Esta actividad la alternaba con las clases de español para estudiantes extranjeros de la facultad de Medicina Veterinaria, actividad desconocida para mí y que aprendí su metodología gracias a los compañeros del Departamento de Idiomas que me ayudaron mucho. Luego pasé a ser Directora de Información Científica y Tecnológica, (ICT) actividad que también tuve que aprender. Agradezco a todos los compañeros de cada departamento sus enseñanzas. Pasaba horas en cada área para aprender los procesos a los cuales nunca me había enfrentado, para luego hacer diseño en el funcionamiento y avanzar en el prestigio de esta actividad, cosa que logramos por el trabajo en equipo de ese colectivo inolvidable para mí. Fue una etapa dura de nuestra Universidad, dirigida por el Dr. Omelio Borroto, que en su incansable quehacer hacía de cada día una hazaña. Así fuimos remodelando las áreas que habían quedado sin una construcción concluida, se trabajaba día y noche hasta que se pudo mudar la Biblioteca para el local que hoy ocupa. Un gran colectivo que no escatimó horas para lograr ese empeño. Se obtuvo resultados y logramos unos de los mejores lugares en el MES. Se trabajó en la extensión de horarios nocturnos hasta la media noche para que los estudiantes pudieran revisar literatura digital, existía internet de forma incipiente, habilitamos actividades culturales ampliando el conocimiento de los estudiantes en una Cultura General y creo una de las cosas más lindas de este colectivo en pleno Período Especial fue el trabajo en equipo, y la solidaridad entre todos. Cuando alguien enfermaba, todos sabíamos de los procesos, todos estábamos preparados para sustituir a un compañero, y no faltó la ayuda a los enfermos y cooperábamos con nuestros propios salarios. Realmente fue una de las etapas más importantes de mi vida, donde crecí como cuadro y también como ser humano y como profesional de las letras, porque además de adquirir experiencia, tuve que estudiar, matricular cursos y superarme.
Fueron momentos difíciles un Período Especial recrudecido, con todas las limitantes que se conocen y en las que nunca faltó el amor por la universidad y por las tareas encomendadas, puedo afirmar que esta etapa nos hizo más fuertes y más revolucionarios, creíamos en lo que éramos y enfrentamos con dignidad las circunstancias para salir adelante y tener reconocimiento del MES.
¿Cómo fue la experiencia de Extensión Universitaria a la que dedicó años en su dirección?
Se decidió trasladarme a la Dirección de Extensión Universitaria, luego de la llegada del nuevo Rector Julián Rodríguez, que fue quien me nombró, permaneciendo en el cargo aproximadamente como diez años. Otro gran reto. Ya con la experiencia de dirección adquirida en ICT fue más fácil dirigir esta Dirección. Lo primero fue crear un equipo de trabajo, cuando empecé éramos tres compañeros, estudiar, tomar experiencia de los grandes, como la Universidad de Pinar del Río, dirigida en aquel momento por el Dr.C. Gil Ramón, a quien agradezco sus enseñanzas, la capacitación recibida por el MES, que no falló en darnos su apoyo. Fue una etapa de aprendizaje para luego avanzar como universidad. Debo destacar que en los inicios la Extensión Universitaria era una actividad en cierta forma incomprendida, no interpretada correctamente por el colectivo de profesores, que logró transformarse al introducirse el Programa de Extensión Universitaria, creado por el Dr.C. Gil Ramón, desde la Universidad de Pinar del Río. A partir de ese momento se fue ganando en concientización y se introduce ya como área de resultado clave y se planifica en los objetivos estratégicos. Nos tocó a nosotros capacitar a la comunidad universitaria, llegar a las Sedes Municipales, establecer estrategias y avanzar en resultados. Se trabajó en el diseño de grupos de aficionados, comparsas, cine club, cátedras honoríficas, adulto mayor y todos los programas de salud y sociales orientados por el MES. Pese a los años que estuve frente al colectivo, salí con insatisfacciones, que hoy observo se hacen, como es el grupo de comunicación, la página web, el periódico universitario, eran ideas que no pude materializar por diversas causas, pero desde lo profundo siento la satisfacción que gracias al colectivo que me acompañó, hubo resultados y las actividades eran reconocidas por la comunidad universitaria.Diez años quizás se digan fáciles, pero no quiero citar aquí los inconvenientes que surgen en el desarrollo de una actividad, más bien lo que quiero es resaltar, que pese a todo lo que nuestra comunidad sabe en cuestiones económicas, por un bloqueo norteamericano por más de 60 años, con carencias materiales para todas las actividades extracurricular y recreativas, sin tener todas las condiciones en logísticas y espacios, el colectivo de extensión universitaria fue igualito al de Información Científica en cuanto a no escatimar horas, espacios y situaciones. Por ello, pienso que un equipo de trabajo se forma cuando todos tienen los mismos derechos, cuando las situaciones se hablan, se discuten y en conjunto se toman las mejores decisiones. Un equipo se forma cuando los problemas personales del colectivo no son ajenos para quien los dirige y para sus compañeros. Ese fue el equipo de Extensión Universitaria al que formé con el cariño de una madre. Aprendí mucho de mi colectivo juvenil y aprendí también bajo la dirección del Dr.C. Gil Ramón, último Rector con quien trabajé en esa esfera, que para dirigir bien cualquier actividad hay que tener un plan A y un Plan B. Es muy importante esto. Aprendimos a crecernos en situaciones difíciles, a trabajar, a no fallar, eso nos caracterizó siempre, creo que nuestra formación educativa influye mucho en ello, la Revolución nos enseñó a no desmayar.
También quiero destacar que la Federación Estudiantil Universitaria fue nuestro brazo derecho, qué decir si los jóvenes lo son todo, sin ellos nada. En buena lid discutíamos por las actividades recreativas, por las movilizaciones, por las campañas de la papa, por todo, pero qué discusiones tan lindas y tan respetuosas. Cómo recuerdo los puercos llenos de grasa que eran enlazados por los veterinarios y el ganador se lo llevaba para una acampada, o sus reclamos, porque el cine club dejó de verse un miércoles, o porque falló el desayuno o la merienda. Muchas cosas hicimos juntos, pero ellos nos sacaban de muchos apuros, o cuando organizábamos los juegos agrarios. Mucho que evocar, pero también se hizo equipo con los muchachos de la FEU, su algarabía en el local de Extensión era necesaria. Creo que ellos merecían más, pero las realidades son otras. A veces los grupos musicales nos dejaban plantados y con ello la incomprensión de algunos, no obstante, se trató siempre de apoyarlos y estimularlos con agrupaciones reconocidas, festejar efemérides y apoyarlos en todas sus iniciativas, fue parte de nuestro quehacer.
¿Qué le desea a la comunidad universitaria en este 45 aniversario?
Desearle a la comunidad universitaria, muchos éxitos, que sigan cumpliendo muchos años más con el mismo apego revolucionario, que sigan diversificando las carreras, que logren resultados en las 100 hectáreas, convirtiéndolas en un centro de investigación y desarrollo. Esas tierras que acogieron a nuestros mambises deben convertirse en ejemplo y hacer honor al propio Fidel cuando se la entregó a la Universidad. No olvidemos eso. Hay que seguir con el corazón en la mano como dijo Juan Torena, siempre se puede y veremos ese campo volver a florecer para los agrónomos, los veterinarios, los economistas, los de ciencias sociales, los mecanizadores, todos, pueden hacer sus prácticas allí. Sentí mucho placer cuando supe de esta noticia. Confío en todos los de la UNAH. Que sigan inyectando el claustro de jóvenes que al final son los que más fuerza tienen para las misiones que se avecinan. Desearle que no desmayen y en particular que cada facultad intente hacer algo bueno por el medio ambiente, hay que fomentar la siembra de árboles, crear grupos de estudiantes con fines específicos para el cuidado de animales, jardines, plantas, atención a especies en peligro de extinción. Hay que creer en la vida. Hay que ayudar y contribuir con nuestros conocimientos, voluntad y dedicación a que podemos hacer muchas cosas sin que medie lo económico o los recursos que no están en nuestras manos. Hay que seguir porque todo ello nos convierte en mejores seres humanos.
¿Qué significa para usted haber formado parte del colectivo de la Universidad Agraria de la Habana?
Al inicio me referí a ello. Fue un reto que asumí con toda la responsabilidad y la entrega que me caracteriza. Estudié, aprendí y salí a buscar resultados. Hice los mejores amigos que hoy conservo: Mis equipos de trabajo. Ver en cada uno fortalezas y debilidades, porque nadie escapa de ello y aprovecharlas al máximo.
Aprendí mucho de la Educación Superior en la Universidad Agraria de La Habana, de los miembros de su Consejo, de sus Decanos, era pura docencia cada reunión. Aprendí de sus Rectores, pues trabajé con cinco de ellos: las inspecciones nocturnas de Borroto, se aparecía cuando menos lo esperabas; inolvidables las anécdotas de Julián Rodríguez; los consejos de Benítez; el tren de Gil Ramón, decía: “quien no se monte en el tren se queda”; la modestia de Irene, su relativa calma, mucho temple de mujer.
Sin temor a equivocarme, la Agraria Habanera fue mi segunda casa, allí nos oscurecía y a veces nos amanecía, porque dormíamos en ella. Sobre todo, en la última tarea encomendada antes de jubilarme. La Dirección de Becados Extranjeros, linda y complicada actividad que asumí con gozo y responsabilidad.
En esta Universidad me hice más fuerte, los jóvenes me llenaron de vida.
Si tuviera que definir a la Universidad Agraria en una palabra qué le diría.
Pues, le diría Esperanza.
La esperanza en que hoy, mañana y siempre habrá una universidad para los hijos del pueblo. Habrá profesionales que garanticen los procesos básicos de la economía, la salud animal, que es también la humana, la agronomía, entre otras. Habrá una universidad que, pese a todo, formará un hombre de bien, revolucionario y virtuoso.

