El 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, murió “de cara al sol” como lo predijo en sus versos, José Martí, recibiendo tres disparos, en una emboscada española. Perdía a así la Revolución al continuador de los ideales de Bolívar, al antimperialista que alertó sobre los peligros colonizadores de EE.UU.
A revolucionarios cubanos como Mella, José Antonio, Fructuoso, Raúl y Fidel entre otros tantos que formaron la vanguardia revolucionaria que comprendió la necesidad de levantarse en armas como una solución para instaurar una República basada en el respeto, la igualdad y la justicia social, la dignidad de los cubanos; tal así como lo había soñado Martí.
Las ideas martianas, junto a las de Marx, Engels y Lenin consolidaron permanentemente la obra de la Revolución. En las transformaciones culturales y educacionales como vías de emancipación, en el internacionalismo que asume que “Patria es humanidad”. Marcó las vanguardias políticas que guiarían a la revolución y su lucha, ejemplo de ello es la creación del Partido Comunista de Cuba (PCC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América- Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) , estas últimas; plataformas de integración política, económica y social de los países de América Latina y el Caribe, con énfasis en la solidaridad, la complementariedad, promoviendo el desarrollo independiente y sostenible de los países que forman parte; también tuvieron como base las ideas del apóstol.
A 126 años de su pérdida siguen siendo contemporáneas sus ideas, en la resistencia cotidiana de nuestro pueblo; en la batalla contra la mentira, el bloqueo, la pandemia; en la medicina y en la ciencia cubana y sus lecciones de solidaridad dentro y fuera de la isla, por fortuna nos sigue acompañado en medio de esta batalla su palabra.
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